martes, 3 de enero de 2012

Poema sin nombre

Y entonces dejas de ser tú,
Has sido siempre tan rabioso y ulcerante.
Nunca has pasado de largo por mi piel
Y los semáforos están en rojo ahora,
Gritamos, ya nunca volverá,
La mosca errante que se posaba sobre el cielo.
La grisácea verdad ya cayó.
Ahora levántala, no, no se cayó.
La tiza se muestra impulsiva
Y qué más da si el vidrio está mojado.
Ponte la ropa para que no nos llamen,
Siempre me molesto mucho con los llantos.

Ejercicio surrealista

Esta canción ya se escribió.
Las gatas no dejan de roer.
Llámame cuando estés azul.
Mi paciencia no te incumbe.
 La alacena se abrió, el monstruo salió.
Tu estructura, Yazmín, se ve hacia abajo.
Escoba deja de gritarme.
Esto es divertido.
Mi guitarra dejó de sonar.
Y en los ojos de la inocencia no cabes tú.
No puedo evitarlo.
Rico chocolate amargo.
Para que la luna deje de llorar le compré esta fragilidad descomunal.
Tocas mis extremos.


Borrador de una idea que no fue.

Condenso tan lento las ideas, lo hago de una forma pausada, asegurando cada una de las frases, enamorándome de cada párrafo, queriendo no perder lo que pienso, hago materia todo lo flácido e incorpóreo, pero lo hago tan quedamente que mi alter ego me grita desde entrañas “corre ya” pero Yazmín no puede avanzar que su paso es  de duelo, que ella sufre cada letra, no las atrapa fácilmente de la nada… Condenso tan lento todo, Carmen se enojaría.
Siempre grité
como chiquillo aterrado
El grito me enseño a vivir
Poco a poco se volvió un hábito.

Lo que siempre quise decir.

Sólo con líquido de tu ausencia
me formo de barro.
Y cuando me descubro desnuda ante la luna,
sé que me faltas tú...
Hace falta hacer girar los planetas,
apagar el sol y todas las ideas del mundo
para poder decirte lo mucho que me calas
hondo... fuerte.
Para poder decirte lo mucho que me construyes,
que me calcinas,
que me elevas,
que me desorbitas.
Hace falta ser Señor para decir que sí.
Así como tú.

Caída (microcuento)

-Siempre imagino que voy cayendo de bruces mientras estoy saliendo de la habitación, caigo estrepitosamente y mi caída sorprende al público. Siempre sueño que voy cayendo de bruces mientras estoy saliendo del pasillo, caigo estrepitosamente y mi caída sorprende al público- dijo.
Después comprendió, cayó estrepitosamente y su muerte no sorprendió a nadie.

Octubre

Cuando las ganas se marchan
y la tinta se carcome mi cielo
ya no me queda más que stalkear a la gente.
Miro desde la ventana
el helicóptero rosa, pero nunca habla, no.

Ya no quiero llantos.
Desperdicios.
Esos los redimí en octubre.

Lluvia, contorno de lápices idiotas
la sorpresa se marcha si te miro desde abajo
allá donde tú eres siempre tú
y detrás de la cortina
el abrumadero de los deseos que no me dejan en paz.

Ya no quiero llantos.
Canturreos.
Esos los perdí en octubre.