Corramos.
Nunca quise salir.
Pero el estallido mundano no dejó de llamar.
Se hacen polvo nuestros pies.
Qué mira el vagabundo, no somos él.
Somos, curiosa palabra, mejor soy. Pero somos es menos egoísta.
Yo me habré ido a pesar del todo.
Cada verso escrito siempre tiene tu sí.
Ya no quiero palabrerías de moscas en mi mente.
Cuando trato de renunciar nunca soplas mi hálito.
Por consiguiente siempre estaré allí.
Tuve ganas de correr, porque yo sabía que era él.
Y se alejó, pero otra noche volverá.
Inmanipulable ser me das rabia.
Las llamadas nunca volverán a ser, pero yo lamentándome no puedo crecer.
La vista de cielo ya cayó de mí.
Los dones rotos están, enterrados y yo de luto.
Corramos volví a decir, esta vez estaba él.
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