domingo, 25 de septiembre de 2011

“He visto la humillación de mi pueblo (…) El clamor de los hijos de Israel ha llegado hasta mí”
Ex. 3, 7 y 9.

La sangre
La sangre corrió
La sangre bramó
La sangre… mi sangre

Lenta se elevó, humillada
Pero dime ¿cómo llegó hasta ti?
Y ¿cómo bajaron hasta mí tus lágrimas?
¡Hoguera te hiciste!

Entonces leyendo, en seco me paraste,
Gritaste estridente
“aquel Moisés sigue vivo”…
Eres tú.

Y el israelita volvió a preguntar
Yo no pude más que llorar

¿Y el clamor?, ¿y el Señor?
¿Y el clamor?, ¿y el Señor?
¿Y el clamor?, ¿y el Señor?
¿Y tú?

No hay comentarios:

Publicar un comentario